- HABLA EL POETA
Conversación Con José Alejandro Peña
Por Luis Antonio Morris
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NOTA:
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Obtuvo en 1986 el Premio Nacional de Poesía con su libro "El Soñado Desquite" (Colección Orfeo, Biblioteca Nacional, 1986).
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| Jose Alejandro Peña |
JAP: “Poesía eres tú”, decía el poeta neorromántico español Gustavo Adolfo Becquer. Esa brillante definición sigue siendo tan válida como la más acertada de nuestros opinantes contemporáneos, sin embargo hay quiénes diríamos “poesía no eres tú”, con lo cual cambia de norte el barco. Por su parte, decía el poeta norteamericano Ezra Pound que “la poesía es un centauro”. Es decir, un híbrido, una mezcla de hombre y caballo. En tal sentido, yo defino la poesía como palabra en el tiempo, palabra que afirma y que, al mismo tiempo, niega. Palabra desbordada y a tono con su ebullición y su higiene. Pero la poesía es más que palabra en el tiempo: es el hombre total. Podría decir también (siguiendo a Pound) que la poesía es un remolino debajo del brazo. ¿Por qué no?
LAM: ¿Cómo diferencias un poema bueno de uno malo?
JAP: La diferencia entre un poema “bueno” y uno “malo” la determina la condición misma del lenguaje poético, pero es odioso hablar de poema “bueno” y poema “malo”, ya que “bueno” y “malo” son términos muy relativos, son mas bien términos morales que términos literarios. Existe la poesía; y el poema que la impregna, impregna la Vida. No todos los poemas que escribe un poeta son obras eternas, hay poemas de Whitman de los que nadie se acuerda ni se acordará nunca. Pero hay poemas que una vez lo lees quieres convertirte tú mismo en el poema y es que de algún modo ese poema o esa lectura te llegó, te inundó, se fusionó a ti, se apoderó de ti. Siempre he dicho que la poesía está en todas partes, donde quiera que vas hay temas que te seducen, que te atrapan o que simplemente son parte de tu vida y no puedes evitarlos. Así que de pronto, empiezas a escribir influido por ese hálito de realidad.
LAM: ¿Cuál de todos tus poemas defenderías hasta la muerte?
JAP: Siempre he dicho que el poema que, por sí solo, no es suficiente como obra de arte, no merece ser defendido. Y que el poema que posee la suficiencia del arte, no necesita que nadie lo defienda: él mismo se defiende solo de todas las fuerzas contrarias. Ahora, si me preguntaras cuáles de mis poemas son o fueron en algún momento mis favoritos, tal vez yo te responda que cada poema, mientras lo escribo, es mi favorito, luego viene la etapa en que lo leo con ojos críticos y empiezo a despojarlos de elementos pesados y de poca gracia hasta llevarlo a un nivel de satisfacción artística prudente.
LAM: Acabo de leer tu nuevo libro, “Suicidio en el país de las Magnolias” y noto en tus poemas “Manteo”, “Kitty Hawk” y otros , ciertos giros surrealistas, ¿te consideras un poeta surrealista?
JAP: Yo no soy un poeta “surrealista” sino un poeta de muy humilde palabra que busca explorar la realidad con cierta imaginación y cierto equilibrio hasta donde me lo permitan mi sensibilidad y mis facultades creativas. Me gusta decir cosas de tal manera que no sean adivinables en otro poeta y que de serlo, esas cosas que digo tomen, en mi poema, un rumbo inesperado. Trato de buscar asociaciones de palabras que choquen, que se rocen y se hagan daño. Es inevitable que soy un poeta informal, a veces demasiado informal, y el informalismo de muchos de mis poemas se debe a que estoy muy influido por las cosas de la realidad: no sé si eso sea bueno o malo, pero aún sea lo peor que me haya pasado en este mundo, estoy muy contento con dos o tres poemas de ese mismo libro “Suicidio en el país de las magnolias”, precisamente por eso, porque he logrado comprender que no puedo ser feliz de otra manera…
LAM: ¿Cuáles son las facultades que más admiras en un escritor, en un poeta?
JAP: Admiro en poetas como Neruda y Vallejo la humildad y la entrega. En poetas como Huidobro, Lezama Lima y Octavio Paz la lucidez y la pasión. Admiro en mis amigos poetas, la perseverancia, la paciencia y la voluntad de escribir mejor cada vez. También admiro a quienes pueden expresarse con sinceridad y a los que, pese a todo, se conservan honestos.
LAM: ¿Cuáles son los cinco poetas de tu generación que lees siempre y admiras?
JAP: Admiro y leo a casi todos los poetas de mi país, viejos y jóvenes, conocidos y desconocidos: los leo a todos (siempre que puedo) con curiosidad y humildad: creo que algunos son más ingeniosos que otros, y algunos son ingeniosos solamente en un poema o en varios; otros son ingeniosos en todo lo que hacen. Si menciono el nombre de unos y olvido a los otros, entonces, siento que he cometido una injusticia, por lo tanto…
LAM: ¿Cómo crees que te ven los poetas y críticos e intelectuales de tu país? ¿Sientes que te admiran, que leen y te respetan?
JAP: Esas preguntas son bravas, hombre. Los poetas e intelectuales de mi país son personas muy ocupadas, a quienes admiro por la sinceridad con que se ocupan de sus vidas y de sus cosas. Entre ellos (como mis supuestos lectores) y yo, hay una gran muralla difícil de derribar y de saltar. Uno nunca sabe quiénes son tus mejores lectores, si aquellos que tienen la valentía de escribir sobre ti o si aquellos que te leen en secreto, guardándose para ellos, sus opiniones y declaraciones. Para mí lo más importante es escribir la obra, y más que la obra, la vida, si es que la vida se puede escribir. Luego, porque siempre hay un luego, el tiempo se encarga de poner las cosas en su sitio. Uno no debe apurarse por llegar rápido, sino por llegar a tiempo al lugar que sea.
LAM: ¿Cuál de tus libros publicados consideras el mejor?
JAP: Sinceramente, le tengo predilección a ciertos poemas de “Iniciación Final” y a ciertos poemas de “Pasar de Sombra”, aunque el mejor de todos es “El Fantasma de Broadway Street…, de eso no tengo dudas.
LAM: ¿Qué consejos le darías a los poetas jóvenes?
JAP: Que vivan cada minuto de sus vidas como si fuera el primero, de ese modo verían todo con ojos nuevos; que dejen a Dios tranquilo y que eviten la frivolidad y la banalidad. Que huyan de las muchedumbres y descrean los elogios desautorizados. Que no se metan en competencia con los grandes ni con los pequeños, sino consigo mismos, siempre. Que nunca rompan los poemas que escriban, que se tomen tiempo para verlos con la cabeza fría cada cierto tiempo, pues en los ceniceros, a veces, hay chispas salvadoras.



